martes, 14 de abril de 2020

Leer y hacer cualquier alegría.


Hace aproximadamente siete años, una amiga y yo estábamos acostadas en su habitación, leyendo un libro de plantas medicinales. Teníamos la frescura de la primera curiosidad por los hechizos, estábamos, sin anticiparlo, encontrando la inspiración de las abuelas brujas. Llegamos a la parte final del libro, el último capítulo se titulaba aparentemente “Alegría”, ella empezó a leer las recetas de las infusiones, ungüentos y sahúmos para recuperar o fortalecer la “Alegría”.
Nos entusiasmamos y empezamos a hacer un poquito de todo lo ofrecido por el manual, jugábamos y reíamos, recuerdo alguna canción. Hasta que mi peligrosa pregunta se dispara: ¿Qué raro, no? ¿Por qué el libro de plantas medicinales nombra en todos sus capítulos síntomas o enfermedades tales como resfríos, hongos, infecciones urinarias y al final le destina un capítulo entero a la Alegría? Agustina (mi amiga) y yo, nos miramos detenidamente por un segundo y nos soltamos los ojos en una corrida conjunta a la habitación para buscar el libro.
Resulta que todo este tiempo estuvimos haciendo pociones para las Alergias, naturalmente, leímos lo que estábamos necesitando. 
Algunos años después fui a la clínica de las Alergias,  a buscar los resultados de unos estudios. La clínica de las Alergias utiliza como símbolo en su cartelera a la silueta de un caballito de mar, yo lo relacioné con los pulmones, no recuerdo por qué, simplemente eso observaba en la sala de espera. Había tenido tos duramente dos meses consecutivos, me habían hecho un estudio para determinar si era alérgica, recuerdo que tenía el corazón triste por alguna cosa tonta y que mi abuela, que ahora no lo recuerda, estaba en Cuba de vacaciones. En la clínica de la Alergia nunca leí la palabra Alergia, siempre la reemplace por Alegría, es sabido que tengo serias confusiones con las palabras y un poco de dislexia al leer. Por más esfuerzo que hiciera solo lograba leer “Clínica de Alegría” “Principales Alegrías…” “Dr. Ripoldi médico Alegrísta”.
Por fin me atendió la doctora, ella estaba sorprendentemente sonriente, alegre, me dio un abrazo y yo lo disfruté, escuchó mis pulmones y me miraba a los ojos con dulzura. Finalmente abrimos los papeles y me dice que lo mío eran Alergias (o alegrías), pero que por ahora no podíamos determinar a qué cosa era yo alérgica (o alégrica). Me pidió que no me preocupara y que tratara de no acumular ácaros en la casa.
Nunca más volví a la clínica de la Alegría.

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