Hace aproximadamente
siete años, una amiga y yo estábamos acostadas en su habitación, leyendo un
libro de plantas medicinales. Teníamos la frescura de la primera curiosidad por
los hechizos, estábamos, sin anticiparlo, encontrando la inspiración de las abuelas
brujas. Llegamos a la parte final del libro, el último capítulo se titulaba
aparentemente “Alegría”, ella empezó a leer las recetas de las infusiones, ungüentos
y sahúmos para recuperar o fortalecer la “Alegría”.
Nos
entusiasmamos y empezamos a hacer un poquito de todo lo ofrecido por el manual, jugábamos y reíamos, recuerdo alguna canción.
Hasta que mi peligrosa pregunta se dispara: ¿Qué raro, no? ¿Por qué el libro de
plantas medicinales nombra en todos sus capítulos síntomas o enfermedades tales
como resfríos, hongos, infecciones urinarias y al final le destina un capítulo
entero a la Alegría? Agustina (mi amiga) y yo, nos miramos detenidamente por un
segundo y nos soltamos los ojos en una corrida conjunta a la habitación para
buscar el libro.
Resulta que
todo este tiempo estuvimos haciendo pociones para las Alergias, naturalmente,
leímos lo que estábamos necesitando.
Algunos años
después fui a la clínica de las Alergias, a buscar los resultados de unos estudios. La
clínica de las Alergias utiliza como símbolo en su cartelera a la silueta de un caballito de mar, yo lo
relacioné con los pulmones, no recuerdo por qué, simplemente eso observaba en
la sala de espera. Había tenido tos duramente dos meses consecutivos, me habían
hecho un estudio para determinar si era alérgica, recuerdo que tenía el corazón
triste por alguna cosa tonta y que mi abuela, que ahora no lo recuerda, estaba
en Cuba de vacaciones. En la clínica de la Alergia nunca leí la palabra
Alergia, siempre la reemplace por Alegría, es sabido que tengo serias confusiones
con las palabras y un poco de dislexia al leer. Por más esfuerzo que hiciera
solo lograba leer “Clínica de Alegría” “Principales Alegrías…” “Dr. Ripoldi
médico Alegrísta”.
Por fin me
atendió la doctora, ella estaba sorprendentemente
sonriente, alegre, me dio un abrazo y yo lo disfruté, escuchó mis pulmones y me miraba
a los ojos con dulzura. Finalmente abrimos los papeles y me dice que lo mío
eran Alergias (o alegrías), pero que por ahora no podíamos determinar a qué
cosa era yo alérgica (o alégrica). Me pidió que no me preocupara y que tratara
de no acumular ácaros en la casa.
Nunca más
volví a la clínica de la Alegría.
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