viernes, 10 de abril de 2020

En los recovecos de nuestro ser guardamos con sumo cuidado esos recuerdos,
que al hacerlos presente,
y tan sólo con esa acción,
tienen el poder de regenerarnos.

Esa pequeña carpa de circo,
improvisada con manteles,
sillas y almohadones,
donde sólo cabíamos ella y yo;
ella y su vestuario de colores;
yo, pintado de payaso.

El aroma a peperina a las 7 de la mañana,
sus enseñanzas sobre el aloe y la buscapina.
Su jardín, repleto de colibríes.

Son estos rincones, donde saltamos de alegría
cada vez que los visitamos.
Y al alejarnos nuevamente, avanzamos con seguridad y
confianza, sabiendo que ahí detrás, están esperándonos, para volver, si lo necesitamos, a buscar esa cierta felicidad.

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